El derbi acababa de comenzar. Aritz Aduriz recibe un balón en el ataque del Athletic, un pase de Óscar de Marcos. Dispara... ¡Y gol! Sin embargo, el colegiado, José María Sánchez Martínez, anula la diana por fuera de juego. De la excitación a la rabia. Y, de repente, a la preocupación. Porque el artillero rojiblanco se echó la mano al muslo izquierdo. No obstante, continuó en el césped de San Mamés, aunque cada cierto tiempo se tocaba ese lugar del cuerpo. Incluso, tras el descanso, cuando el equipo saltó al césped, el ariete cojeaba. De hecho, por precaución, ayer no apareció por las instalaciones exteriores de Lezama, se quedó en el gimnasio y siendo tratado por los fisioterapeutas, en una sesión recuperación para los titulares y más intensa para los suplentes y no convocados, mezclados con los hombres del filial de Cuco Ziganda.
A priori, no se trata de una dolencia grave la que sufre Aduriz, ya que el Athletic no ha ofrecido información alguna. Sin embargo, los gestos del pichichi rojiblanco hacia su muslo izquierdo, sobre todo cuando el juego se detenía, se produjeron en más de una ocasión. Se tocaba con la mano ese músculo, y en su rostro se componía un gesto que demostraba que algo no marchaba bien.
Pero no sucedió. Y ayer se quedó en el gimnasio. Máxima cautela. Ernesto Valverde ya sabe que debe regular los esfuerzos de un futbolista de 35 años, que vive un momento dulce, que se cuida y piensa en fútbol en todo momento. De todos modos, si Txingurri lo estima conveniente, Aduriz podrá ser de la partida el jueves en el partido de vuelta de la Europa League ante el cuadro de Míchel (19 horas). Los bilbaínos marchan por delante en la eliminatoria, gracias a ese tanto del guipuzcoano, pero no quieren confianzas.

