
Faltaba un cuarto de hora para las 8 de la mañana y en el hotel de concentración del Atlético hacía tiempo ya que había tocado diana. Para entonces, la plantilla, sin los cuatro juveniles -Juan Moreno, Caio, Amath y Solano- ni Mensah, ya se ejercitaba sobre el campo de fútbol en una exigente sesión física. Hubo balón durante la hora que se prolongó el trabajo, pero los futbolistas despertaron sumidos en un auténtico campamento militar.
Ante tanta dureza, era preciso amenizar el entrenamiento, por lo que el Profe Ortega diseñó diferentes ejercicios que permitieron llevar el asunto con otra cara. En uno de los primeros, los jugadores se enfrentaban en asaltos por parejas en los que debían arrastrar a su oponente hasta su terreno.

