
Álvaro Morata tendrá el martes una nueva oportunidad en el once titular del Real Madrid, y no una oportunidad cualquiera. El delantero será de la partida en el once blanco que afronte la disputa del primero de los cinco títulos a los que los hombres de Zinedine Zidane optan en esta temporada: la Supercopa de Europa.
En una alineación plagada de trampas para el entrenador, la presencia de Morata se intuye como una apuesta fija por parte de Zizou. Por dos razones. La primera, y básica, es que Zidane ha acabado satisfecho del trabajo de Morata en esta pretemporada.
Segundo, por el estado físico de Benzema. Su posible concurso en el duelo ante el Sevilla es una incógnita. El delantero francés, único integrante del ataque titular que comenzó la pretemporada junto al resto del grupo, se ha visto aquejado en los últimos días de las mismas molestias en la cadera que ya le mermaron en el tramo final de la pasada temporada. Lleva varios días sin entrenarse con el grupo, a la espera de lo que pueda pasar hoy en la vuelta al trabajo en Valdebebas, programada para las 17.00 horas.
Y, por último, Bale. El galés quiere jugar. Ha lanzado en los últimos días repetidos mensajes en las redes sociales expresando su ilusión por el partido de Noruega. Pero Zidane no le ve claro. Aunque ha seguido un plan de trabajo personalizado y específico durante sus vacaciones, no ha realizado (hasta el de esta tarde) ni un solo entrenamiento junto al resto de sus compañeros.
Un 4-1-4-1 con Casemiro jugando por delante de la defensa y una línea de medios formada, como se vio ante el Bayern, por Modric, Isco, Lucas Vázquez y James. Pero este dibujo también podría modificarse, ya sea de inicio o a lo largo del partido. Y es que hoy desembarca en Valdebebas también Toni Kroos. Y, como su compañero Bale, está deseando jugar.

