Mauricio Pellegrino tiene cintura. No está obsesionado con un único dibujo táctico ni cree solo en una forma de jugar. Aunque el sistema que más ha utilizado en el Alavés es el 4-2-3-1, precisamente el primer equipo que sufrió esa variedad de planteamientos fue el Barça en el Camp Nou en aquella tercera jornada de Liga (1-2). Lo reconoció el propio Luis Enrique con una sinceridad admirable porque no dejaba en demasiado buen lugar el trabajo de previsión de su cuerpo técnico. “Fuimos víctimas de jugar ante una dura defensa de cinco, que no pudimos superar. No habíamos contemplado que podían salir con ese sistema”, admitió el técnico azulgrana. El Alavés jugó aquel día con un 5-4-1 que ya había utilizado en su debut liguero en el Calderón ante el Atlético (1-1), pero como recurso en el transcurso de un partido que arrancó con un 4-4-2.
Es un equipo que cuesta llevar la iniciativa de los partidos ante equipos que se encierran. Por algo no sobrepasa la mitad de la tabla en la Liga, ha cedido muchos puntos en casa y es el rey del empate (9). Pero ante los grandes se siente más a gusto, firme en defensa, con dos laterales muy ofensivos como Kiko Femenía y Theo Hernández y un jugador clave para dar equilibrio como Marcos Llorente. Arriba, Ibai Gómez pone la calidad y el resto, velocidad y capacidad de remate

