Claudio Echeverri, una luz alternativa para la creación

El mediapunta argentino llega cedido por el Manchester City para aportar criterio, pausa y creatividad en el juego interior del equipo de Míchel

Tomy Gavaldá
Por Tomy Gavaldá CEO y redactor Domingo, 25 de enero del 2026 a las 19:47

Claudio Echeverri no llega al Girona para ser una estrella, ni siquiera para ser un titular indiscutible desde el primer día. Llega para algo bastante más complejo y, a la vez, más valioso: para intentar que el juego del equipo tenga sentido cuando el partido se rompe. Para poner orden en la zona donde casi todos los equipos se pierden, la de tres cuartos, ese territorio sin dueño donde se decide si una posesión es promesa o se queda en el intento.

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El argentino es, ante todo, un futbolista de relaciones. No vive del sprint largo ni del desborde de banda clásica, sino de la recepción entre líneas, del primer control orientado y del gesto técnico que gana medio segundo. Su fútbol es más de giros que de carreras, más de intuición que de potencia. Cuando recibe, no acelera por instinto: primero mira, perfila el cuerpo y elige. Eso, en el Girona actual, ya es una pequeña anomalía.

Porque el equipo de Míchel ha perdido esta temporada algo que antes era su seña de identidad: continuidad en campo rival. Tiene extremos, tiene laterales profundos, tiene delanteros móviles, pero le falta un jugador que conecte todas esas piezas. Ounahi ha aportado desborde, físico y potencia. Lemar intenta canalizar el juego con conducciones. Echeverri viene exactamente para ocupar ese vacío, no como un “10” clásico, sino como un mediapunta moderno que aparece, desaparece y vuelve a ofrecerse constantemente como línea de pase.

Su paso por Europa, eso sí, invita a la prudencia. En Alemania apenas encontró minutos y su impacto fue casi invisible. La sombra de Florian Wirtz resultó demasiado alargada. No por falta de talento, sino por falta de contexto. Echeverri no es un jugador de chispazos aislados: necesita tocar balón, sentirse importante, equivocarse sin ser castigado con el banquillo. Y eso es justo lo que no tuvo. El riesgo en Girona es similar: si el equipo no logra dominar tramos de partido, puede quedarse flotando en tierra de nadie.

LaLiga, además, le va a exigir algo que aún no domina del todo: competir sin balón. Presionar, volver, chocar, sostener el ritmo. Ahí está su principal frontera como futbolista. Si supera ese umbral físico y mental, su calidad técnica ya está fuera de duda. Si no, corre el peligro de convertirse en otro talento exquisito que juega bonito cuando todo va bien y se diluye cuando el partido se ensucia.

Echeverri no es una promesa cualquiera. Tampoco es un salvador. Es, más bien, una apuesta: la de que el Girona pueda volver a pensar el fútbol desde dentro, desde el pase que ordena y no desde la carrera desesperada. Tendrá que competir, de inicio, con Lemar y, cuando se recupere, con Ounahi, además de intentar arrebatarle la titularidad a Iván Martín, lo que podría incluso retrasar al marroquí a una posición más retrasada, en un escenario menos probable. De primeras, no tiene la titularidad asegurada, pero los partidos duran noventa minutos y Míchel necesitará alternativas para desbloquear resultados que se resisten. Y eso, en un equipo que ahora mismo vive más de impulsos que de ideas, puede ser mucho más transformador que cualquier fichaje ruidoso.

 

Tomy Gavaldá

Tomy Gavaldá

CEO y redactor

CEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.