
En una velada que dejó al descubierto las costuras del fútbol español en el continente, el FC Barcelona asumió, despojado de toda fanfarria, el papel de último reducto. Mientras Athletic, Villarreal, Atlético y Real Madrid claudicaban en una jornada aciaga, el conjunto de Hansi Flick compareció en el Spotify Camp Nou para firmar una remontada tan sobria como providencial ante el FC Copenhague (4-1). Un triunfo que no solo certifica el pasaporte a octavos, sino que rescata el honor herido de una competición en horas bajas.
Del letargo a la rebelión
No fue una victoria de guante blanco ni resolución inmediata; fue un ejercicio de resiliencia que brotó del desconcierto. Apenas despuntaba el duelo cuando un error de Koundé en la salida, ese pecado venial de la confianza, permitió a Elyounoussi asistir a Dadason, quien batió a Joan García con un remate cruzado. El Barça, herido en su orgullo, se adueñó del cuero, pero su fútbol se tornó espeso, casi burocrático. Lewandowski acarició la igualada y Fermín puso a prueba los reflejos de Grabara, pero el entreacto llegó envuelto en un murmullo de escepticismo que recorría la grada como una corriente gélida.
La metamorfosis del segundo acto
La catarsis sobrevino tras el asueto. El equipo ganó en verticalidad y audacia, ensanchando el campo con una voracidad renovada. En el 49’, Raphinha dibujó un centro tenso que Lewandowski, con el instinto del viejo depredador, mandó a la red con un testarazo inapelable. Aquel gol fue el punto de inflexión, el instante en que el Copenhague decidió replegarse ante la marea azulgrana.
Entonces, emergió la figura de Lamine Yamal para elevar el fútbol a la categoría de arte. En el 65’, el joven prestidigitador recibió en el flanco, desafió a la lógica con un regate que desarticuló a dos zagueros y acarició el balón con la zurda para alojarlo en el palo largo. Una oda al talento puro. Poco después, él mismo ejerció de arquitecto para asistir a Lewandowski, que sería objeto de penalti para que Raphinha anotara en el tercero. Con el rival ya desahuciado, Marcus Rashford puso el broche de oro con una falta directa que buscó la escuadra, transformando el marcador en una sentencia inapelable.
Un ejercicio de supervivencia
No asistimos a una exhibición de fuegos artificiales, sino a una demostración de entereza moral. En una jornada de tinieblas para el fútbol nacional, el Barcelona recordó que, cuando el edificio parece resquebrajarse, todavía queda un transatlántico capaz de navegar contra corriente.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.



