
La llegada de George Mikautadze al Villarreal se entendió como una apuesta de ambición. En una provincia moldeada por el trabajo paciente, donde la clementina madura a su ritmo y el gres se cuece con precisión industrial, el club groguet decidió invertir 30 millones de euros en un delantero internacional, joven y con recorrido europeo, destinado a elevar el techo competitivo tras la salida de Thierno Barry al Everton. La lógica del mercado fue clara. La del fútbol, de momento, no tanto.
Avanzada la temporada, el balance es decepcionante, y no únicamente por los números. Mikautadze transmite una sensación persistente de desconexión con el entorno, con el equipo y con el ecosistema competitivo que propone Marcelino. En Liga suma 3 goles y 2 asistencias en 586 minutos, registros modestos para un futbolista llamado a marcar diferencias. En Champions League, su aportación se limita a un gol en cinco partidos y 330 minutos. Cifras que explican poco por sí solas, pero que encajan en un contexto más amplio de falta de impacto real.
Su rol reciente es aún más revelador. El delantero georgiano ha sido suplente en tres de las últimas cuatro jornadas de Liga. Marcó ante el Getafe, sí, pero regresó al banquillo frente al Barcelona, con participación residual en el tramo final. No hay continuidad, no hay adaptación al equipo y al entorno y no hay una sensación clara de confianza desde el cuerpo técnico, incluso cuando las bajas han debilitado seriamente la vanguardia amarilla.
Marcelino ha sido coherente con sus decisiones. No ve a Mikautadze como una pieza clave del once, sino como un recurso puntual y rotacional. Sus preferencias ofensivas están definidas y consolidadas. Con Ayoze Pérez y Gerard Moreno disponibles, ambos parten por delante. Ayoze es el atacante más determinante por impacto directo; Gerard, cuando está sano, es el eje que ordena, asocia y da sentido al ataque. Incluso Tani Oluwaseyi aporta perfiles más ajustados a determinados escenarios, especialmente cuando el partido exige profundidad y espacios.
Las lesiones de Ayoze y Gerard han abierto una puerta que Mikautadze ocupa más por necesidad que por convicción. Y Europa ha sido el escenario más implacable. Fue sustituido al descanso ante el Copenhague, no tuvo minutos en Dortmund y fue relevado pronto frente a Pafos y Manchester City. En todos esos encuentros, Marcelino corrigió sobre la marcha, como quien ajusta una pieza que no termina de encajar en el engranaje.
La competencia interna y la flexibilidad del sistema tampoco juegan a su favor. Nicolas Pépé ofrece competencia ofensiva y el modelo admite soluciones que no siempre pasan por un ‘9’ fijo. En ese contexto, la adaptación táctica es innegociable. Marcelino exige precisión, lectura inmediata y disciplina en la ejecución. No hay margen para procesos largos, ni para aclimatarse lentamente al terreno.
En Castellón, la tierra enseña que todo tiene su tiempo, pero también que no todo prende en cualquier suelo. El Villarreal no discute el talento de Mikautadze, pero el fútbol de élite no se mide por potencial, sino por rendimiento e influencia. A día de hoy, la inversión no encuentra reflejo en el césped. En La Cerámica hay paciencia, sí, pero también exigencia. Y Mikautadze sigue sin adaptarse.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

